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ACMS Premios Fermín Caballero: 2005: (3º) PLURILINGÜÍSMO PARA VIVIR EN LA TORRE DE BABEL  
Author: acms
Published: 2005/12/13
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PREMIO FERMÍN CABALLERO DE ENSAYO CORTO EN CIENCIAS SOCIALES

3º PREMIO

PLURILINGÜÍSMO PARA VIVIR EN LA TORRE DE BABEL

Maximiliano Fernández Fernández

1. Plurilingüismo y homogeneidad lingüística en el mundo

1.1. Más lenguas que estados

Aunque el idioma se constituyó durante la consolidación de los grandes estados modernos, en un elemento diferenciador e integrador de los mismos. La relación de naciones y modalidades lingüísticas muestra que en buen número de casos no se corresponde un estado con una única lengua, ya que existen naciones con varias lenguas e idiomas que se hablan en diferentes países.
La existencia de 191 estados soberanos reconocidos oficialmente por la Organizaciones de las Naciones Unidas (ONU), con sus correspondientes idiomas oficiales y cooficiales, muestra como primera realidad el hecho natural y objetivo del multilingüismo o plurilingüismo, entendiendo como tales la coexistencia real de varias lenguas en sus territorios.
Por lo tanto, el hecho idiomático, como el cultural, el religioso, las tradiciones y costumbres, las familias, las organizaciones, las empresas, el deporte y tantos otros hechos sociales, rebasa las fronteras administrativas entre países y no sólo de forma oficial, sino, especialmente, en los usos consuetudinarios.
En EEUU se estima que se hablan, bien es verdad que muy minoritariamente, alrededor de 300 lenguas y en el estado de California se llegaron a facilitar impresos para el examen de conducir en 36 lenguas distintas, aunque las más habladas son el inglés, en los ámbitos oficiales, y el español a nivel conversacional. En las escuelas norteamericanas se considera estudiante con carencias en la formación a quien no conoce bien el inglés, aunque domine otros idiomas y disciplinas.
En Indonesia se pueden escuchar 659 lenguas diferentes. En la ciudad de Jerusalén, donde dramáticamente siguen sin entenderse judíos, musulmanes y cristianos, se emplean un centenar de lenguas. La relación resultaría interminable.
Otra realidad, en este caso más atenta al pragmatismo de la funcionalidad y operatividad que al reconocimiento de las diferentes identidades y raíces, ha propiciado el predominio del inglés en el mundo, especialmente en asuntos administrativos, científicos, turismo, tecnologías, música, deporte... y, cuantitativamente hablando, también del chino y del español.

1.2. Diferentes soluciones idiomáticas

Esta doble realidad europea y mundial -que no debería ser antagónica o excluyente- ha originado soluciones idiomáticas igualmente diferentes en diversos organismos internacionales: El Fondo Monetario Internacional (FIM) sólo reconoce el inglés; en la ONU operan las 6 lenguas oficiales más habladas en el mundo: árabe, chino, español, francés, inglés y ruso, siendo interpretadas y traducidas simultáneamente a los seis idiomas todas las reuniones institucionales, si bien los principales cauces de trabajo se establecen en inglés, francés y español. En las instituciones de la Unión Europea están representadas todas las lenguas de los países miembros.
Los mensajes desde el Vaticano (“urbi et orbi”) e intervenciones papales suelen emitirse en latín e italiano, con saludos en otras muchas lenguas; pero con uso habitual del inglés y del español, que es la lengua más hablada por los 1.100 millones de católicos de todo el mundo.
La doble tendencia multilingüismo/homogeneización ha originado un gran debate, como luego veremos en el caso europeo, aunque se puede adelantar que a favor del multilingüismo se han esgrimido razones de reconocimiento de situaciones de hecho y de respeto a los particularismos e identidades de cada pueblo, mientras que en apoyo de la homogeneización lingüística se aducen argumentos económicos y de simplificación administrativa. En contra del multilingüismo se argumenta igualmente que los particularismos a ultranza pueden constituir un obstáculo babélico a la eficacia administrativa.
La cuestión es que el plurilingüismo se hace necesario para vivir en la Torre de Babel de nuestro tiempo, en la babélica aldea global.

1.3. Millones de monolingües

Por otra parte, con simultaneidad al multilingüismo general, se produce el fenómeno del monolingüismo particular, ya que la mayoría de las personas hablan un solo idioma -200 millones de europeos sólo entienden su propio registro-, sintiéndose incapaces de comunicarse en otro que no sea el de su nacimiento.
La posibilidad de utilizar traductores informáticos, perfectamente asequibles por Internet, aunque aparentemente permite ser monolingües, a medio plazo está facilitando por el uso el entendimiento de otras lenguas y su futura traducción por el usuario.
En medio de estos dilemas, el bilingüismo puede aparecer como una forma de mantener el idioma propio y de poderse servir a la vez de alguno de los más hablados internacionalmente, para las relaciones externas. Es decir, es una forma de conservar lo propio y de abrirse al mundo para compartir la lengua particular y las que puedan usarse en otros lugares.

2. La realidad europea: tendencias a la diversidad y a la unificación

2.1. El hecho idiomático rebasa las fronteras administrativas

La relación de idiomas hablados en Europa está lejos de coincidir con el número de países que geográficamente conforman su espacio, porque en algunos se hablan varios idiomas, y en otros se coincide en registros procedentes de otras naciones; en concreto, el francés, griego, alemán, inglés....
La relación de estados integrados en la Unión Europea y las lenguas oficiales de los mismos son los siguientes: Alemania (alemán), Austria (alemán), Bélgica (flamenco, francés y alemán), Checoslovaquia (checo y eslovaco), Chipre (griego y turco), Dinamarca (danés), Eslovaquia (eslovaco), Elovenia (esloveno), España (español y, como cooficiales, en sus respectivas autonomías, catalán, euskera y gallego), Estonia (estonio), Finlandia (finés), Francia (francés), Grecia (griego), Hungría (húngaro), Irlanda (irlandés), Italia (italiano), Letonia (letón), Lituania (lituano), Luxemburgo (francés y luxemburgués), Malta (maltés e inglés), Países Bajos (neerlandés), Polonia (polaco), Portugal (portugués), Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (inglés) y Suecia (sueco). Además de las referidas lenguas oficiales, en buen número de países se hablan dialectos y localismos.
A todos los idiomas citados en el caso europeo habría que añadir los hablados en países no integrados en la Unión, como Bulgaria y Rumanía, que pueden integrarse en 2007, Croacia, que lo hará después; Serbia-Montenegro y Macedonia, que deben reunir los estándares democráticos; Turquía, con 70 millones de habitantes, inmersa en complejas relaciones por su doble personalidad europea -bañada por el Mediterráneo y el Egeo- y asiática -la mayor parte de su territorio, más allá del Bósforo-, y Noruega y Suiza, que, por ahora, no desean incorporarse a la Unión.

2.2. Tendencias a la diversidad y tendencias a la unificación

El espacio común europeo resulta así un espacio de muchas lenguas y no precisamente comunes. Esto ha motivado una doble tendencia: tanto el reconocimiento de la diversidad, recogido en el Tratado de Constitución, como el intento de buscar una lengua común para la Unión Europea, al menos a efectos administrativos y prácticos.
Existen razones de identidad y de diversidad cultural en apoyo al multilingüismo, pero tropiezan con otras tanto de apertura a la internacionalización como de coste económico, que los estados no están dispuestos a obviar. Alemania es la mayor potencia económica europea y la que mayor número de hablantes natos aglutina. Reino Unido, aparte de estrategias e intereses comerciales, resulta beneficiada del poder económico y político de Estados Unidos en el mundo porque opera en inglés. Francia encabeza un bloque francófono de 27 países unidos cultural, diplomática y comercialmente por el idioma francés, lo que explica en buena parte su oposición a las “pretensiones” plurilingües de España en la Unión Europea, que afectarían a sus hablantes vascos y catalanes, siempre prestos a reivindicaciones nacionalistas. Los servicios asociados al idioma español en España, Hispanoamérica y Estados Unidos reportan el 9,4% del PIB mundial...
Se constata también que en ocho de cada diez asuntos que se resuelven en la Unión Europea intervienen el francés, el inglés y el alemán, que son las lenguas habladas por más del 60% de los ciudadanos europeos y las correspondientes a los países de mayor peso económico. Según datos de Juan R. Lodares, el 70% del personal gestor de asuntos comunitarios procedente de países de nueva integración eligió el inglés como primera lengua extranjera para sus exámenes y el inglés aparece como lengua que se siente capaz de hablar el 41% de los europeos.
El citado autor subraya los efectos positivos de una lengua común cuando señala que “aunque se reconozca que la meta «una lengua para la UE» es utópica, no deja de considerarse a la vez que en el camino hacia ella se hallará la solución, primero, a muchos problemas prácticos que puede presentar el multilingüismo a ultranza, y segundo, que ese mismo camino reforzará en los ciudadanos de la Unión el sentimiento de que están, precisamente, uniéndose más y más”.
Por lo tanto, son razones económicas (intercambios comerciales, ahorro en traducciones, personal, trámites, actas y archivos, etc.), de internacionalización y de simplificación administrativa las que apoyan la economía lingüística o la convergencia idiomática, en la línea del “paradigma de Pool”.
Entre los postulantes de un idioma comunitario habría que citar a los que abogaron por volver al latín, los que se sumaron a la idea del inglés como “superlengua” común, compartida con lenguas zonales (francés, alemán, español...) y los que creyeron en el invento del volapuk y del esperanto.
A la hora de proponer no han faltado otras iniciativas, claramente interesadas, como la del ex presidente francés Valery Giscard d’Estaigne para que el inglés y el francés fueran obligatorios en todas las escuelas de la Unión Europea, lo que habría de llevar a medio o largo plazo a la unificación idiomática. Francia y Alemania se apoyan mutuamente en el uso de sus respectivas lenguas como segundo idioma en el otro país, para contrarrestar la pujanza del español.
En el polo opuesto a la homogeneización lingüística, se defiende el valor del plurilingüismo como muestra de la riqueza y pluralidad idiomática existente y como forma de respeto a las raíces, identidad e idiosincrasia de cada pueblo.
El Tratado de Constitución Europea fue “redactado en un ejemplar único, en lenguas alemana, checa, danesa, eslovaca, eslovena, española, estonia, finesa, francesa, griega, húngara, inglesa, irlandesa, italiana, letona, lituana, maltesa, neerlandesa, polaca, portuguesa y sueca, cuyos textos en cada una de estas lenguas son igualmente auténticos”.
Y a ellas habría que añadir, hablando de Europa, otras lenguas oficiales de países no integrados en la Unión pero que son geográfica, histórica y culturalmente europeos, como Noruega, Suiza, Bulgaria, Rumanía, Croacia, Serbia-Montenegro y Macedonia, así como, parcialmente, Turquía.
En el Parlamento Europeo conviven una veintena de lenguas oficiales -se entiende que cuando se habla de griego se refiere al griego moderno y cuando se habla de neerlandés se alude al holandés-, que requieren la correspondiente traducción de todos los documentos e intervenciones, a las que podrían añadirse otra veintena de lenguas hasta ahora no oficiales. En concreto, figuran como lenguas no oficiales que se hablan en algunos países de la Unión el albanés, alsaciano, bretón, búlgaro, catalán (o valenciano), corso, galés, gallego, irlandés (gaélico), ladino, luxemburgués (dialecto), occitano, serbo-croata, ucraniano, ruso, ruteno, valaco, vasco y zíngaro.
Con ello, sin embargo, no se agota el amplio abanico del plurilingüismo, ya que, además de las lenguas oficiales, que operan como marca e imagen de cada estado en el exterior, y de los dialectos principales, persisten otras en la mayoría de los países, habladas en comunidades más pequeñas, como sucede en Francia, donde se contabilizan 8, en Gran Bretaña (7), Alemania (7), Italia (4), Dinamarca (4), Suecia (5), etc. Incluso habría que añadir las lenguas de los numerosos inmigrantes árabes, chinos, turcos, hindúes (hindi), pakistaníes (urdu), que aglutinan más hablantes que el vasco, el maltés, el letón u otros idiomas autonómicos.
Algunos autores, como Juan R. Lodares, en lugar de aludir a lenguas oficiales y dialectos, prefieren hablar de lenguas comunes, como pertenecientes a una gran comunidad lingüística, y lenguas redundantes, “habladas por quienes pueden a su vez expresarse, con facilidad y soltura absolutas, en una lengua común”; por ejemplo, el bretón frente al francés, el frisón frente al holandés y el vasco frente al español. Y calculan en un 11% de la población de la Unión Europea el porcentaje de los usuarios de lenguas redundantes en la actualidad, ya que el empuje de las comunidades lingüísticas ha hecho casi desaparecer los casos de monolingües.
Precisamente este autor, al hilo de los estudios de Gregorio Salvador sobre fragmentación cultural continua, advierte contra el encadenamiento de fragmentaciones provocados por particularismos o por procesos de autodefinición, ya que “la diferenciación cultural es un proceso que, una vez puesto en marcha, no tiene potencialmente fin porque cualquier comunidad disgregada de otra mayor es, a su vez, disgregable en otras menores si así interesa a las oligarquías locales”.
A la hora de proponer soluciones, Juan R. Lodares, apunta tanto “hacia una situación de multilingüismo variable, donde cada vez más europeos conocerán más lenguas, pero no con idéntico grado de dominio”, como “hacia formas de convergencia idiomática y cultural”, porque “la UE está condenada a entenderse con agilidad y economía”.

2.3. Reconocimiento de la diversidad lingüística en la Constitución Europea

El Tratado por el que se establece la Constitución Europea recoge en su título primero que la Unión “respetará la riqueza de su diversidad cultural y lingüística y velará por la conservación y el desarrollo del patrimonio cultural europeo” (art. 1-3), que “combatirá la exclusión social y la discriminación y fomentará la justicia y la protección sociales”. Su propia divisa, “unida en la diversidad” (art. 1-8), ratifica y subraya esta originaria diversidad y pluralidad.
Para la promoción de la enseñanza y el aprendizaje de las lenguas en Europa, se ha puesto en marcha el programa “Lingua”, que tiene como objetivos: fomentar y apoyar la diversidad lingüística en la Unión, contribuir a mejorar la calidad de la enseñanza y el aprendizaje de lenguas y promover el acceso a oportunidades de formación lingüística permanente adecuadas a las necesidades de cada individuo.

2.4. Las lenguas autonómicas en Europa

Ya hemos aludido a la existencia de lenguas oficiales y no oficiales en la Unión Europea, porque, al igual que existen fuerzas centrípetas tendentes a la homogeneización, existen fuerzas centrífugas, que presionan a la diversificación.
Bajo la inspiración del plurilingüismo y por las presiones de los partidos nacionalistas, el gobierno socialista español propuso al Consejo de la Unión Europea, el 13 de diciembre de 2004, un memorando en favor del reconocimiento como “lenguas oficiales y de trabajo” en la Unión Europea del euskera, el gallego y el catalán o valenciano. La propuesta chocó con el rechazo del principal partido de la oposición en España, el PP, y con el recelo de las cancillerías europeas, poco partidarias de la multiplicación de lenguas oficiales, abriendo a la vez una fuerte polémica entre catalanes y valencianos por la denominación de su idioma.
No obstante, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se indicó también que España no reclamaría la “plena oficialidad” de estos idiomas, debido a la oposición que ello tendría entre lo socios europeos. La razón, obviamente, es que muchos estados se encontrarían en situaciones similares a la de España y no parecen dispuestos a hacer concesiones que resten presencia a su idioma oficial.
En cualquier caso, el hecho de que el gobierno socialista español haya abanderado en Europa la diferenciación cultural es considerado por algunos estudiosos como una excepción contracorriente: “España se ha convertido desde hace veinte años, más o menos desde que se inauguraron las denominadas «normalizaciones lingüísticas», en la excepción que confirma la regla de la progresiva confluencia cultural y lingüística que se observa en otros países de la Unión Europea. Esta conversión se explica por la fuerza que tienen en España los movimientos nacionalistas en las áreas de contacto lingüístico, cuya filosofía es fragmentadora”.

3. El plurilingüismo en España

3.1. La más antigua comunidad lingüística de Europa

El hecho de partida en España es que el 100 por 100 de la población conoce bien el español y el 86 por 100 lo tiene como lengua materna. Por esto decía Julio Caro Baroja que el rasgo más característico de los españoles es que pueden entenderse en un idioma. Esto hace que pueda hablarse de comunidad lingüística, la más antigua de Europa. Los 300.000 estudiantes extranjeros que cada año visitan el país se instalan en todas las regiones sin preocuparles, hasta ahora al menos, que en algunas de ellas se hablen otros idiomas. En el futuro parece probable que elijan, especialmente si encuentran dificultades administrativas o sociales para entenderse en español, algunas autonomías.
En defensa del auge del español en el contexto mundial se ha señalado que ha pasado de ser la cuarta o quinta lengua elegida como segundo idioma por los estudiantes extranjeros, a ser la segunda en los países de habla no inglesa y la primera en los de haba anglosajona.
En España, como sucede en Europa, se observa una doble tendencia, la de expandir nuestra lengua, en unión con los otros países de habla española, y la de dar protagonismo a las otras lenguas habladas en el Estado, concretamente en las autonomías catalana, valenciana, gallega y vasca. Esta bipolaridad se refleja en el Parlamento o Cortes, donde la lengua oficial es el español o castellano, mientras que en los autonómicos se consideran como lenguas oficiales, junto al español o castellano, según los casos, el catalán o valenciano, el euskera-batua (vasco unificado) y el gallego. Existen además dialectos o sistemas derivados del español y de los idiomas cooficiales -del euskera derivan cientos de dialectos-, así como hablas específicas de otras autonomías, sin la categoría de lenguas, por no incorporar suficientes elementos distintivos, como el andaluz, asturiano o bable o asturleonés, el aragonés o navarroaragonés, el extremeño, el murciano y el canario.
La Constitución Española de 1978, en su artículo 3, reconoce tanto la oficialidad del castellano en todo el territorio como la realidad plural de las autonomías y protege este patrimonio cultural.

3.2. La polémica por el uso de las lenguas cooficiales en Epaña

La petición del Gobierno español en favor del plurilingüismo en el Parlamento Europeo había tenido otro hito anterior en territorio nacional al aprobar el Pleno del Congreso, bien es verdad que con el voto en contra del principal partido en la oposición, una propuesta de Izquierda Verde (IU-ICV), respaldada por lo demás grupos, en la que se pedía al ejecutivo tomar las medidas necesarias para garantizar el respeto efectivo a la realidad plurilingüe de España, lo que habría de reflejarse en todas las instituciones del Estado, los medios de comunicación públicos e incluso en documentos oficiales como el carné de identidad y el permiso de conducir.
Esta proposición no de ley, aprobada el 5 de noviembre de 2004, solicitaba que se garantizase el derecho de los ciudadanos a relacionarse con la Administración en el idioma oficial elegido, así como la promoción y difusión de todas las lenguas españolas en el ámbito internacional y, especialmente, en el territorio de la Unión Europea.
La denominación catalán/valenciano provocó en el otoño de 2004 una agria polémica al solicitar el Gobierno español la oficialidad en la Unión Europea de ambas lenguas, basándose en el hecho de que en el Estatuto de Autonomía de Valencia recoge como lengua autóctona de la Comunidad el valenciano, no el catalán, como sucede en el caso de Baleares. La protesta vino de la Generalitat de Cataluña y del Institut d´Estudis Catalans, argumentando que se trata del mismo idioma, ya que las diferencias son mínimas. La propia Real Academia Española de la Lengua define el valenciano como una variante dialéctica del catalán, al igual que el mallorquín.
Sin embargo, durante la polémica por el uso de las lenguas en el Congreso español, surgida bajo el actual gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente de la Cámara, Manuel Marín, tras marcar diferencias con Equerra Republicana de Catalunya, decidió hacer una aplicación estricta del Reglamento, que no prevé el uso de otras lenguas distintas al castellano en el citado foro.
Cataluña quiso también conseguir que Hollywood doblara sus producciones al catalán, a lo que las industrias cinematográficas se negaron por razones comerciales. Los propios creadores, productores, editores y elaboradores catalanes y vascos de libros, música y hasta productos etiquetados saben que pierden un gran mercado si no comunican en español. Para paliarlo o para etiquetar en la lengua autonómica, pueden recurrir a ayudas de la Administración, que, naturalmente, pagan los contribuyentes.
En el caso de las reuniones entre los representantes de las tres autonomías españolas con lengua propia, Galicia, Euskadi y Cataluña -Galeuzca-, su forma más económica, rápida y eficaz de entenderse es el español, aunque cada uno prefiera hablar su idioma.
Los promotores de las lenguas autonómicas no se limitan sólo a consolidar su utilización en las respectivas autonomías, sino que llevan años exportándolas a otras autonomías y países. Ya en 1974, el entonces Instituto Cultural Español de Dublín, luego Instituto Cervantes, ofreció programas de estudios de catalán, gallego y euskera, aunque inicialmente tuvo que cesar en su enseñanza, debido a la escasa demanda.
Más recientemente, en febrero de 2004, se creó en Málaga la “Asociación Andaluza para la Difusión de la Lengua Española y de las demás Lenguas Oficiales en las Comunidades Autónomas”, con el objetivo de defender y difundir el idioma español y las lenguas minoritarias del país y de enseñarlas.
En abril de 2005, la Consellería de Educación e Ordenación Universitaria de la Xunta de Galicia ha anunciado también la próxima firma de un convenio de colaboración con las universidades de Bahía, La Habana, Río de Janeiro, Estatal do Ceará, República de Uruguay, Central y Autónoma de Barcelona “para la difusión en estos centros educativos de la lengua y la cultura gallega”.
En consecuencia, ya no se trata sólo de mantener la identidad lingüística en las autonomías con idioma propio y los conceptos y formas de ver a ella asociados, sino que, como otras revoluciones, se ha iniciado la exportación de las mismas.

3.3. La marginación del español en las autonomías vasca y catalana

El actual reconocimiento constitucional de la diversidad lingüística en España ha puesto fin a una situación de marginación de las otras lenguas del Estado español postergadas por el régimen político del general Franco, lo que no impidió que se siguieran hablando tanto por grupos culturales como por una parte de la población autóctona.
La marginación lingüística, la denunciada “represión franquista”, tiene ahora su réplica en la postergación del español en las comunidades autónomas de Cataluña y Euskadi, en las que, aun siendo lengua oficial, su uso resulta penalizado en concursos, oposiciones y en centros docentes en los que las administraciones autonómicas únicamente permiten el uso de las lenguas autóctonas.
Incluso en la escuela pública, los hispanohablantes de nacimiento no pueden estudiar en su lengua materna por imposición gubernamental, lo que se considera un caso único en Europa. La catalanización lingüística tiende al monolingüismo más que al bilingüismo constitucional y, puestos a rechazar, se prefiere el uso de otros idiomas al español, aunque sea lo que hable corrientemente la mitad de la población.
La situación de “normalización” y “diferenciación” lingüísticas en estas autonomías llega a ser, por lo tanto, de discriminación oficial para los hispanohablantes, lo que ha provocado buen número de protestas. El sociólogo Amando de Miguel ha advertido contra el riesgo de suprimir el castellano en Euskadi y Cataluña, asegurando que “fracasará el intento de suprimir el castellano en esas regiones donde coexiste con otra lengua. En el entretanto, mucha gente sufrirá, y al final se deteriorará la cultura”.
Instituciones internacionales como el “Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial” (CERD), de la ONU, y la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) llevan años instando a los sucesivos gobiernos de Madrid a que intervengan contra la situación de desamparo que sufren los hispanohablantes, pero parece que pesan más las obligaciones de los pactos de gobierno. La inoperancia presente propiciará un incremento y “normalización” del destierro del español en el futuro, salvo que razones económicas y de utilidad lo impidan.
La discriminación se extiende incluso al no reconocimiento de personalidades de gran talla intelectual, como el gran filósofo y escritor de habla española Miguel de Unumuno, cuyo busto fue retirado de una plaza de Bilbao, su ciudad natal, por las agresiones a las que era sometido por algunos sectores intolerantes y de escasa racionalidad. No obstante, en la actualidad se exhibe el busto del eximio pensador en la nueva Plaza de Miguel de Unamuno, frente al Museo Arqueológico, Etnográfico e Histórico.
Es preciso señalar también que en las conversaciones cotidianas, en las calles, en los comercios, en los bares..., el castellano sigue siendo la lengua mayoritaria, tanto en las grandes ciudades catalanas como en las vascas, sin que, por lo general, se produzcan situaciones de discriminación, auque no faltan excepciones.

4. La comunidad hispanohablante en el mundo y el mestizaje

4.1. Una comunidad de 400 millones de hispanohablantes

La comunidad hispanohablante en América es justamente la que imprime un gran peso específico al español en el mundo y la que abre las puertas de un futuro muy esperanzador. El español se ha asentado y enriquecido en el continente americano en convivencia con otras grandes comunidades lingüísticas, como el inglés y el portugués y con las lenguas autóctonas: guaraní en Paraguay, quechúa y aimara en las zonas andinas, las decenas de lenguas guatemaltecas...
A uno y otro lado del Atlántico se habla el mismo español o castellano, con algunas particularidades que no rompen la unidad idiomática, sino que la enriquecen y revitalizan; pero que exigen una atención para que no deriven en opciones diferentes.

4.2. El doble filo neologista y la gramática panhispánica

Ahora bien, no debe silenciarse, en aras a la objetividad, la postura de quienes advierten contra una proliferación de neologismos procedentes de otras lenguas, principalmente el inglés, en cuanto que también puede suponer una sustitución de términos españoles por otros extranjeros. Por eso hablamos de un doble filo neologista, porque las incorporaciones de vocablos técnicos, científicos, económicos.... procedentes de otros idiomas enriquecen si son de difícil traducción o empobrecen cuando sustituyen a palabras castellanas perfectamente utilizables. En este sentido resulta gratificante escuchar a ambos lados del Atlántico el buen dominio, la riqueza léxica y el respeto a la tradición de muchos hispanohablantes.
En la 22ª edición del Diccionario de la Lengua, elaborado por la Asociación de Academias de la Lengua Española, se han suprimido 6.008 de los 83.014 artículos registrados en la anterior edición, además de 17.337 de las 154.480 acepciones, que han ido a parar al Nuevo tesoro lexicográfico editado por la Corporación.
El propio e inolvidable Fernando Lázaro Carreter, anterior presidente de la Real Academia Española, apeló al equilibrio entre el inmovilismo de los puristas y los excesos periodísticos y políticos, aceptando “importar nuevas palabras cuando se necesitan”, pero manteniendo la máxima unidad en los cambios para que no zozobre el futuro de la comunidad hispanohablante.
Asunto distinto al de la importación de extranjerismos es el de la incorporación de americanismos al Diccionario de la Lengua Española, cuyo número se ha duplicado en artículos, acepciones y marcas, hasta superar en estos momentos los 28.000 con la colaboración de las academias hermanas de América y Filipinas. Esta incorporación, lógica por tratarse de una lengua que se habla en distintos ámbitos territoriales, se presenta en el Preámbulo del Diccionario de la Lengua Española como un paso muy importante. “Con ello -se añade- nos situamos en el camino correcto para conseguir un diccionario verdaderamente panhispánico, reflejo no sólo del español peninsular sino del de todo el mundo hispanohablante”.
Reflejo de los esfuerzos por mantener la unidad de la lengua y su mayor internacionalización son tanto el propio Diccionario de la Lengua Española (DRAE o DLE), elaborado por la Asociación de Academias de la Lengua Española, como los congresos y encuentros orientados a la promoción del español en el mundo.
Efectivamente, contribuye a la unidad idiomática la participación en los textos guía o normativos, de las 22 academias de la Lengua Española o de las Letras existentes en el mundo, es decir la de España, con sede en Madrid, las hispanoamericanas (Argentina, Boliviana, Chilena, Colombiana, Costarricense, Cubana, Dominicana, Ecuatoriana, Guatemalteca, Hondureña, Mexicana, Nicaragüense, Panameña, Paraguaya, Peruana, Puertorriqueña, Salvadoreña, Uruguaya y Venezolana), la Norteamericana y la Filipina. Todas ellas extienden su ámbito de actuación a una población que supera los 400 millones de hablantes y en claro crecimiento.
En el mismo sentido se está trabajando en una nueva gramática panhispánica del español, que permitirá coordinar la evolución de la lengua y mantener la unidad por encima de las particularidades de cada país y región. En el próximo mes de noviembre, los participantes en esta gramática se reunirán en Ávila (España) para continuar los trabajos, que tuvieron el año pasado en Burgos (España) otro encuentro similar y con la voluntad de concluirlos en otro par de sesiones.
En los últimos años se han celebrado varios congresos de la Lengua España, los dos últimos en Valladolid (España) y en Rosario (Argentina), en los que se ha defendido el mestizaje del español y su carácter de lengua internacional.
Para poner en común los estudios de la gramática castellana se vienen celebrando asimismo otros congresos internacionales, como el auspiciado por la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, el más reciente de los cuales tuvo lugar en Salamanca (España) entre el 3 y el 5 de noviembre de 2004, bajo el encabezamiento de “Primer simposio internacional El Castellano y sus gramáticas. Antonio de Nebrija y el siglo XVI”. Entre otras importantes aportaciones a este encuentro debe señalarse la del profesor belga Jacques de Bruyne, titular desde 1970 de la primera cátedra de Estudios Hispánicos existente en Bélgica, quien destacó el auge del hispanismo en el mundo y la “asombrosa ductilidad” de la lengua española, que “la posibilita para la creación de nuevos vocablos de forma incesante”.
En realidad, abundan los motivos y los foros para reflexionar sobre el idioma español y su papel en el contexto de multilingüismo en el que nos desenvolvemos. El último de estos motivos y encuentros, por ahora, ha sido la XXIª edición de los Premios de Castilla y León, celebrada en Valladolid el pasado día 23 de abril, aniversario de D. Miguel de Cervantes, en el año del IV Centenario de El Quijote.

Conclusiones

Si la realidad es plurilingüe y a la vez existen idiomas de mayor uso oficial y social, como el inglés, español, chino, árabe... lo procedente en Europa y en el mundo, mientras no se acepte una lengua universal de uso general, siguen siendo el bilingüismo y el plurilingüismo, más aun en la sociedad de la información o sociedad del conocimiento, como pretendemos definir a nuestra época.
En una sociedad en la que la educación y la cultura son objetivos prioritarios, debe promoverse, potenciarse y fomentarse el conocimiento de idiomas y el intercambio lingüístico y cultural, como forma de enriquecimiento personal y social sin renuncia a las particularidades propias de cada pueblo.
El español, como tercera lengua más hablada del mundo, debe mantener su identidad y su presencia tanto en los ámbitos oficiales como en los sociales en los que se desenvuelve la población hispanohablante. La incorporación de neologismos ha de realizarse con la moderación empleada hasta los últimos años, sin excesos desequilibradores y en perfecta coordinación de todas las academias de la lengua existentes en América, España y Filipinas.
El Gobierno español no puede renunciar al mantenimiento del idioma oficial en todas las autonomías del Estado ni permitir que se prive a su población de su uso normal. La opción de pleno uso bilingüe es especialmente recomendable en las autonomías españolas con idioma propio, ya que, de marginar el castellano, además de incumplir la Constitución española de 1978, quedarían ellos mismos al margen de un inmenso caudal cultural y perderían uno de los mayores mercados y contingentes turísticos del mundo, el de la comunidad hispanohablante y el de la comunidad que tiene el español como segunda lengua.

BIBLIOGRAFÍA

FERNÁNDEZ, M., La incorporación de neologismos al español actual. Extranjerismos y nuevas acepciones, Universidad Católica, Ávila, 2004.
LÁZARO CARRETER, F., El nuevo dardo en la palabra, Punto de Lectura, Madrid, 2004.
LODARES, J.R.., “La batalla de las lenguas en la Unión Europea”, en Revista de estudios orteguianos, 278-279, julio-agosto de 2004.
DE MIGUEL, A., “Conflictos lingüísticos”, en Libertad Digital, 5-7-2004.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la Lengua Española, RAE, Madrid, 2001.
SALVADOR, G., Lengua española y lenguas de España, Ariel, Barcelona, 1987.
UNIÓN EUROPEA, Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, Madrid, Servicio de Publicaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores, 2004.

PUBLICACIONES PERIÓDICAS

El Correo de Málaga, 7-1-2004.
Diario de Ávila, noviembre de 2005, 14; 23-4-2005, 24.
Diario de Málaga, 25-1-2004.
Educación y Biblioteca, nº 140, de marzo/abril de 2004.
Galicia en el mundo, 10/16-3-1998, 2/8-2-2004, 11/17-4-2005.
Libertad Digital, 5-7-2004.
La Opinión de Málaga, 5-1-2004.
 
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